Foto: via redes sociales
10 de mayo 2026 Ciudad de México.-
Mientras en otros países los museos son orgullo nacional, en México parecen haberse convertido en artículos de lujo: a veces abiertos, a veces cerrados y, últimamente, hasta empeñados.
Porque sí, en pleno 2026 y con un Mundial tocando la puerta, México le está enseñando al mundo que cuidar su patrimonio histórico quizá no entra en el presupuesto… pero los conciertos, festivales y discursos oficiales jamás pueden faltar.
La tragedia en Teotihuacán no sólo dejó turistas muertos tras un violento sometimiento; dejó también una pregunta brutal: ¿qué tan abandonados están nuestros espacios históricos? Porque resulta increíble que uno de los sitios arqueológicos más importantes del planeta termine dando más miedo que orgullo.
Pero el surrealismo mexicano no termina ahí.
El Museo Nacional de Antropología y el Castillo de Chapultepec, dos símbolos culturales del país, tuvieron que cerrar por falta de personal de seguridad. Así como se lee: el país que presume pirámides, civilizaciones milenarias y arte universal… no pudo conseguir suficientes guardias para mantener abiertos sus museos.
Tal vez el siguiente paso sea ponerle candado al Ángel de la Independencia y pedir cooperación voluntaria para cuidar Bellas Artes.
Y mientras tanto, aparece otra joya del desastre cultural: la polémica Colección Gelman. Más de 150 obras de Frida Kahlo, Diego Rivera y otros artistas mexicanos terminaron trasladadas a España como parte de un acuerdo financiero ligado al Banco Santander.
Obras declaradas Monumento Artístico convertidas prácticamente en garantía bancaria. Porque al parecer, en México ya no solo se hipotecan estados y gobiernos… también la memoria cultural.
El Diario Oficial de la Federacio en su Articulo 6o de fecha18 de julio de 1984 establece lo siguiente: queda prohibidala exportacion de obras de la artista Frida Khalo…
Todo esto ocurre bajo la gestión de Claudia Curiel de Icaza, Secretaria de Cultura, cuya administración parece tener una visión muy moderna del patrimonio: si no se puede cuidar, se cierra; y si vale mucho, se manda al extranjero.
Y claro, siempre queda el discurso oficial de “todo está bajo control”. El mismo que seguramente repetirán mientras las goteras dañan archivos históricos o mientras turistas siguen preguntándose si visitan una zona arqueológica o participan involuntariamente en una experiencia extrema.
La cultura mexicana no necesita discursos bonitos ni hashtags patrióticos. Necesita protección, inversión y respeto. Porque no hablamos solamente de cuadros, ruinas o edificios viejos. Hablamos de identidad, memoria y dignidad nacional.
Pero quizá el verdadero problema es que en México la cultura solo importa cuando sirve para la foto oficial… o para adornar campañas políticas.
Y así, entre museos cerrados, obras enviadas al extranjero y tragedias en sitios históricos, el país se prepara para recibir al mundo en 2026.
Eso sí: probablemente con mariachis, luces y fuegos artificiale
Y quizá también valdría la pena recordar algo que parece olvidarse desde muchos escritorios gubernamentales: proteger la soberanía del país no sólo significa cuidar fronteras o discursos patrióticos, también implica proteger el acervo cultural de México, preservar su historia, sus museos, sus artistas y garantizar que la cultura llegue verdaderamente a las y los mexicanos.
Porque la cultura también educa, forma valores, genera identidad y ayuda a construir mejores sociedades. Y esa educación cultural debe comenzar desde las infancias y crecer en ascendente hacia adolescentes, jóvenes y adultos. Un país que acerca el arte, la lectura, la historia y el pensamiento a su gente, es un país que fortalece su conciencia social y su futuro.
Porque un país sin cultura termina siendo un país sin memoria, sin identidad y sin alma.
