Foto via redes sociales
Celaya, Gto. 22 de abril 2026.- En este país surrealista donde la lógica suele pedir permiso para retirarse, resulta que ahora ejercer el periodismo podría venir con “bono de golpes incluido”… cortesía de quienes se supone deben garantizar la seguridad.
Porque claro, ¿qué mejor manera de demostrar autoridad que repartiendo cachazos a quien sostiene una cámara?
El caso de Mako Sierra, reportero de La Crónica de Guanajuato, quien el pasado 20 de abril fue agredido por elementos de AIC, parece sacado de un manual alternativo de “cómo tratar a la prensa”: primero lo golpeas, luego le quitas su herramienta de trabajo y finalmente lo dejas inconsciente a un costado de la carretera… todo esto mientras hacía algo tan “peligroso” como informar.
Celaya, Gto. 22 de abril 2026.- En este país surrealista donde la lógica suele pedir permiso para retirarse, resulta que ahora ejercer el periodismo podría venir con “bono de golpes incluido”… cortesía de quienes se supone deben garantizar la seguridad.
Porque claro, ¿qué mejor manera de demostrar autoridad que repartiendo cachazos a quien sostiene una cámara?
El caso de Mako Sierra, reportero de La Crónica de Guanajuato, quien el pasado 20 de abril fue agredido por elementos de AIC, parece sacado de un manual alternativo de “cómo tratar a la prensa”: primero lo golpeas, luego le quitas su herramienta de trabajo y finalmente lo dejas inconsciente a un costado de la carretera… todo esto mientras hacía algo tan “peligroso” como informar.
Testigos incómodos, transmisiones en vivo y evidencia directa… pequeños detalles que, evidentemente, no encajan en el guion de quienes prefieren la opacidad a la verdad.
Ah, pero no se preocupen: siempre queda el recurso institucional de “ponerse a las órdenes”, ese elegante gesto que llega después de que el reportero ya fue hospitalizado. Porque atender las consecuencias parece más sencillo que evitar los abusos, ¿no?
Mientras tanto, la escena fue tan absurda como indignante: ciudadanos auxiliando, compañeros intentando reanimar, y el periodista desvaneciéndose tras recibir “el trato” que hoy, al parecer, se le da a la prensa en plena cobertura.
Una costilla fisurada, múltiples golpes y un mensaje claro: informar incomoda… y en algunos casos, se castiga.
GOLPES, PROMESAS Y CARPETAS: LA HISTORIA QUE YA CONOCEMOS
Makario Sierra, reportero del informativo digital “El Otro Enfoque”, terminó en un hospital comunitario con golpes en cabeza, rostro y extremidades, presuntamente provocados por agentes de la agencia de investigación criminal… sí, con las “cachas” de sus armas, como si informar fuera motivo de castigo.
Fueron otros periodistas quienes, entre la urgencia y la indignación, pidieron ayuda médica mientras el comunicador presentaba mareos, náuseas y lesiones visibles.
Horas después, llegó el comunicado oficial: la Fiscalía General del Estado de Guanajuato anunció la apertura de una carpeta de investigación, prometiendo esclarecer los hechos, sancionar a los responsables y, por supuesto, “no tolerar abusos”.
El discurso suena impecable. La realidad, golpeada.
Porque mientras las instituciones redactan comunicados sobre respeto y democracia, hay periodistas que siguen escribiendo la nota… desde una camilla.
POSICIONAMIENTO
En Reporte Digital México REPUDIAMOS enérgicamente esta agresión cobarde y arbitraria contra nuestro compañero periodista.
No, no es “un incidente aislado”. No, no es “uso de la fuerza”. Es violencia directa contra la libertad de expresión.
Y si alguien cree que golpear reporteros va a silenciar la realidad… quizás deberían recordar que la verdad, tarde o temprano, siempre encuentra cómo transmitirse.
Porque aunque intenten apagar cámaras… lo que realmente están exhibiendo es algo mucho más grave: el miedo a ser vistos.