Las madres que cambiaron flores por pancartas… y abrazos por búsquedas eternas

Ciudad de Mexico.- Este 10 de mayo, mientras muchas familias celebran con flores, música y abrazos, hay madres en México que viven el Día de las Madres con una silla vacía, una fotografía entre las manos y una herida que jamás ha dejado de sangrar.

Son las madres buscadoras.

Mujeres que un día tuvieron que dejar de ser solamente madres para convertirse en investigadoras, rastreadoras, defensoras y hasta peritos improvisados, porque las autoridades muchas veces les dieron silencio en lugar de respuestas.

Ellas no buscan justicia en discursos.

Buscan a sus hijos, sus hijas.

Buscan un abrazo pendiente, una llamada que nunca llegó, una verdad que les fue arrebatada.

Mientras el país sigue su rutina, ellas recorren desiertos, cerros, fosas clandestinas y caminos olvidados bajo el sol abrasador, cargando picos, palas y fotografías. Buscando donde nadie más quiso buscar.

Y aun así, muchas veces son ignoradas o peor aún… re victimizadas.

Hay madres que han perdido la vida en el intento de encontrar a quienes trajeron al mundo. Mujeres valientes que fueron amenazadas, desplazadas o asesinadas simplemente por exigir algo que jamás debió negarles: saber dónde están sus hijos e hijas

México tiene una deuda enorme con ellas.

Porque ninguna madre debería aprender a distinguir restos humanos.

Ninguna madre debería salir con miedo a buscar a su hijo desaparecido.

Ninguna madre debería morir esperando justicia.

Hoy no basta con felicitarlas, Hoy toca reconocerlas.

Reconocer su fuerza cuando el dolor las quebró.

Su amor cuando el mundo les dio la espalda.

Y su valentía cuando decidieron convertir el sufrimiento en lucha.

Las madres buscadoras no deberían existir.

Pero existen porque la indiferencia también desaparece a las personas.

Este Día de las Madres, ellas no piden regalos, Piden verdad, Piden respuestas.

Piden volver a abrazar a quienes aman… o al menos tener un lugar donde llorarlos.

A todas las madres buscadoras de México:

gracias por enseñarle al país que el amor de una madre puede enfrentarse incluso al miedo, al abandono y a la muerte.

Porque mientras exista una madre buscando…

también existirá esperanza.

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