Generación Manada: Cuando los Niños Aúllan y los Adultos Miran el Celular

Foto vía Infobae

En la plaza pública ya no solo se escuchan risas, bicicletas y balones. Ahora también se escuchan aullidos.

Adolescentes con colas de peluche, rodilleras y orejas puntiagudas se desplazan en cuatro patas. Se llaman “therians”. Dicen identificarse espiritualmente con animales, principalmente lobos o felinos. Se organizan en “manadas”, comparten códigos y encuentran en redes sociales una comunidad que valida su experiencia.

Y mientras tanto, los adultos hacen lo que mejor saben hacer en 2026: grabar, burlarse y subirlo a Facebook.

Pero el fenómeno no empezó en la plaza. Empezó mucho antes.

Identidad en construcción… sin arquitectos

La identidad no es un accesorio intercambiable. Es la columna vertebral del desarrollo psicológico.

La infancia y adolescencia son etapas críticas donde el cerebro aún está formando:

  • Autoimagen
  • Sentido de pertenencia
  • Límites entre fantasía y realidad
  • Autoconcepto

Cuando estos procesos no son acompañados por adultos presentes —emocionalmente presentes, no solo financieramente funcionales— el vacío busca llenarse.

Y el algoritmo siempre está listo para ofrecer respuestas rápidas a preguntas profundas.

“¿Te sientes diferente?”
“¿No encajas?”
“Tal vez eres algo más…”

En cuestión de minutos, un adolescente confundido encuentra una narrativa que le da identidad, pertenencia y una estética. Lo que no encontró en su entorno, lo encontró en la pantalla.

La era donde TikTok educa antes que los padres

Hoy los algoritmos detectan vulnerabilidades con más precisión que muchos tutores.

La plataforma no pregunta:
“¿Qué estás viviendo?”
Pregunta:
“¿Qué contenido te mantiene más tiempo mirando?”

El fenómeno therian no es una epidemia zoológica. Es un síntoma digital.

Y cuando la identidad se define por tendencias virales, la línea entre exploración simbólica y desconexión de la realidad puede volverse borrosa.

Padres ocupados, escuelas rebasadas, Estado ausente

Aquí viene la parte incómoda.

Hablar de salud mental infantil no es una agenda ideológica. Es una emergencia silenciosa.

Mientras:

  • Las consultas psicológicas son inaccesibles para muchas familias.
  • Las escuelas no cuentan con suficientes orientadores.
  • Los padres trabajan jornadas extensas.
  • El Estado invierte más en campañas que en prevención real.

Los niños navegan solos su crisis de identidad.

Después nos sorprende que aúllen.

¿Juego simbólico o señal de alerta?

Es importante no caer en el alarmismo simplista.

El juego simbólico es normal. La fantasía es parte del desarrollo sano. Muchos niños se imaginan superhéroes, animales o personajes.

El problema no es imaginar.

El problema es cuando la fantasía se convierte en refugio permanente frente a:

  • Ansiedad no tratada
  • Depresión infantil
  • Acoso escolar
  • Vacíos afectivos
  • Falta de estructura y límites

Cuando la identidad humana resulta menos atractiva que una identidad animal, la pregunta no debería ser “¿qué les pasa?” sino “¿qué les faltó?”.

La burla social: el recurso favorito del adulto inmaduro

Ridiculizar adolescentes siempre ha sido deporte nacional.

Pero reírse del síntoma no cura la causa.

La burla masiva sólo logra:

  • Mayor aislamiento
  • Refuerzo de la pertenencia al grupo alternativo
  • Profundización del rechazo a la autoridad adulta
Es irónico: exigimos madurez a los jóvenes mientras reaccionamos con inmadurez colectiva.

Más allá del meme: responsabilidad estructural

Si realmente preocupa la identidad de las nuevas generaciones, entonces hay que hablar de:

  • Educación emocional obligatoria en escuelas
  • Acceso real a salud mental infantil
  • Regulación y alfabetización digital
  • Formación para padres en desarrollo psicológico
  • Políticas públicas que prioricen prevención sobre reacción

Porque la identidad no se corrige con regaños virales.
Se forma con presencia, límites, coherencia y contención.

Reflexión final: No es que quieran ser lobos

Tal vez no quieren ser lobos.

Tal vez quieren:

  • Pertenecer.
  • Sentirse vistos.
  • Tener estructura de manada porque no sienten estructura en casa.
  • Tener códigos claros porque el mundo adulto les parece confuso.

Un lobo tiene jerarquía.
Tiene identidad clara.
Tiene sentido de grupo.

Muchos adolescentes no.

Si una generación encuentra más claridad en una manada imaginaria que en la sociedad que la formó, el problema no empezó con ellos.

Empezó con nosotros.

Y mientras sigamos grabando en vez de acompañar, seguiremos preguntándonos por qué aúllan… sin escuchar el fondo del ruido.

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