En León, la inseguridad ya no toca la puerta: entra, deja el cuerpo y se va.
León, Gto. 06 de febrero 2026.- La tarde de este viernes, alrededor de las 3:30, elementos de la Policía Municipal acudieron a revisar las instalaciones de la Fiscalía General del Estado de Guanajuato, luego de que se reportara un hallazgo tan brutal como simbólico: restos humanos calcinados abandonados dentro del recinto donde, en teoría, se imparte justicia.
El cuerpo —o lo que quedó de él— presentaba claros signos de violencia extrema. De acuerdo con la información preliminar, fue un hombre en situación de calle, presuntamente dedicado a la pepena, quien arrojó los restos en las instalaciones de la dependencia. El sujeto ya fue detenido, no por intuición investigativa, sino gracias a las cámaras de videovigilancia.
“En el Reino del Nunca Jamás no pasa nada… hasta que la muerte deja oficio en la Fiscalía.”
Es decir, la tecnología sí funciona. La justicia… bueno, eso sigue en evaluación.
El hecho no solo exhibe el nivel de violencia que vive la ciudad, sino el descaro absoluto de la delincuencia, que ya no teme llevar un cadáver directamente al domicilio oficial del Estado. Como si el mensaje fuera claro y sin rodeos:
“Aquí les traigo el caso, porque ustedes no vienen.”
La ironía es amarga. Hoy ingresar a la Fiscalía como ciudadano común es casi imposible: filtros, revisiones, accesos restringidos. Pero para dejar restos humanos calcinados, al parecer, no hubo mayor complicación.
Y mientras tanto, la institución sigue encabezada por un fiscal más ocupado en cantar, sonreír y cultivar relaciones públicas, que en garantizar investigaciones serias, resultados claros y justicia efectiva.
En León, la muerte ya sabe dónde queda la Fiscalía.
Lo que sigue sin saberse es dónde quedó la justicia.
“Nunca Jamás es un lugar tan tranquilo… que hasta la muerte entra sin pedir permiso.”